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Un tatuaje por una sonrisa: entrevista a Juan Pablo, su fundador

Juan Pablo, fundador de Un Tatuaje por una Sonrisa, en vivo para Café Oxígeno.

Juan Pablo era adicto a la cocaína y papá de cuatro hijos. Tras años de consumo e inconvenientes familiares, descubre -allá por el 2013- una nota donde su hijo mayor, de diez años de edad, había declarado en su cuaderno personal un odio rotundo hacia él, su padre.

Eso significó un antes y un después en la vida de Juan Pablo. Interpretada como una situación de quiebre, decidió alejarse del mundo de las drogas y comenzar a hacer cosas que le permitan revertir aquella imágen que su hijo había formado de él. Además de un cambio de hábitos y conductas puertas adentro, Juan Pablo -tatuador de oficio y profesión- decidió comenzar a ofrecer sus servicios a cambio de elementos para donar. Primero fue un escudo de Belgrano por juguetes para niños necesitados del norte de Córdoba. Pero esto, que parecía ser solo un hecho aislado, fue el comienzo de uno de los proyectos más grandes del país.

Tras una primera buen convocatoria, comenzó a utilizar Facebook para expandir su campaña, convirtiéndolo en su herramienta y mejor aliado.

Hoy llevan en su haber más de 100 viajes al norte de Córdoba, en los que asiste a 200 familias cada mes con alimentos, ropas y juguetes; además formó una escuela de tatuadores para chicos en situación de calle y judicializados; creo una escuela de fútbol para niños amputados, una escuela de hockey para nenas; consiguió y distribuyó 197 sillas de ruedas en todo el país, 35 camas ortopédicas; además, asiste a 14 merenderos. Como si esto no fuese suficiente hoy se encuentra comprometido con un nuevo proyecto: abrir una casa llamada Patch Adams para niños que están comenzando su tratamiento contra el cáncer.

La sede central de la Fundación se encuentra en barrio Los Naranjos en Córdoba Capital, donde además de recibirse y gestionarse las donaciones, se dictan más de 25 talleres de arte y oficios gratuitos.

Tras años de trabajo duro y grandes conquistas, el nombre de la Fundación comenzó a hacer eco en Argentina y el mundo entero, hasta llegar a oídos del Papa Francisco quien se comunicó por medio de su secretario para invitarlo especialmente a una audiencia en Roma. “Yo siempre fui católico. Creo en Dios, pero no en el hombre. Cuando me el Secretario del Papa me invita a Roma estaba contento, pero le dije a mi mujer: ‘yo me voy a encontrar con un hombre, nada más’ (…)”, comenta Juan Pablo. Después de realizar todos los pasos necesarios para entrar a la audiencia y de recibir la Misa, el Papa se acercó y le colocó las manos sobre la cabeza. “Es un hombre, sí, pero su presencia es inmensa, me hizo temblar. Lo único que pude decir en ese momento fue: ‘necesito que me devuelvan la fé’. Me hizo muy bien ese viaje… para la Fundación no conseguí nada, nada de nada, pero a nivel personal me hizo bien”.

Ahora bien, cuando parecía que esto era el máximo reconocimiento a su labor, llegó una nueva sorpresa. Tras una publicación de Facebook, Juan Pablo fue invitado por Pepe Mujica a Uruguay. “Yo tengo pocos sueños en mi vida. Uno es viajar a Haiti o África a misionar y otro es conocer a Pepe, mi referente político, alguien que respeto y admiro por su forma de pensar, por las decisiones que toma (…) ahora bien, cuando lo tenga enfrente lo único que voy a hacer es darle un abrazo y preguntarle sólo una cosa: Si realmente él siente, después de tantos años de lucha y entrega, que todo lo hecho valió la pena”, finaliza.